Cuando niño, uno era totalmente ajeno a las responsabilidades y a las consecuencia de sus actos.
Por le general siempre se debia llamar a papá o mamá sobre algun mal comportamiento en el colegio.
A esa edad uno transita por un camino libre de sanciones y totalmente alejado de una realidad, que existen entre nosotros, el juzgado.
Cuando grande, por diferentes circunstancias de la vida, cada uno de nosotros recibe pruebas totalmente distintas. Y en función a ellas vas construyendo tu camino.
En mi caso, efectivamente las pruebas que el destino me entrego trajeron como consecuencia que tuviera vidas paralelas entre mi trabajo y el juzgado.
No me quejo, las acepto como las pruebas que me tocaron asumir.
Cuando niño me hubiera gustado saber un poco más sobre estas cosas. Pero, si alguna vez hubiese tenido la oportunidad de ir a un juzgado, aun de niño, me hubiese gustado que Emilio Calatayud Perez sea quien estuviera al frente, que me juzgue y me condene.
Seguro que si.
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